
Los antiguos tenían una gran variedad de animales: perros, caballos, conejos, cerdos y ciervos, por nombrar algunos. El primer tiovivo [o carrusel] que se conoce es del Imperio de Bizancio.
La palabra carrusel tiene sus orígenes en el término italiano garosello -que quiere decir pequeña batalla- usada por los cruzados para describir un ejercicio de entrenamiento de combate entre los jinetes turcos y árabes hacia el 1100.
Los tiovivos primitivos no tenían plataforma y los animales colgaban de postes o cadenas para inclinarse hacia afuera al girar, simulando volar. Por eso se les llamaba carruseles de caballos voladores. Los movían animales de tiro caminando en círculo. Hacia la mitad del siglo XIX se le añadió la plataforma y se empezaron a construir con propulsión de vapor. También se les añadieron mecanismos con engranajes, para conseguir ese movimiento de sube y baja.